Compartir la vida con los demás muchas veces nos pide acogerlos, velar por ellos, cuidarlos… Nos pide entrar en acción, ponernos en camino para ir a encontrarlos y poder ayudarles en lo que sea necesario. ¡Esto nos pide ser generosos y tener claro que queremos hacerlo y por qué queremos hacerlo!
Recurso: Lectura
Evangelio (Lc 1,39-43;1,56):
En aquellos días, María se marchó deprisa a la montaña, en un pueblo de Judea, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó dentro de sus entrañas, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Entonces gritó con todas sus fuerzas:
— ¡Eres bendita entre todas las mujeres y es bendito el fruto de tus entrañas! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
María se quedó unos tres meses con ella, y después regresó a su casa.