Debemos garantizar que los niños, niñas o adolescentes tengan las condiciones que les permitan formarse un juicio propio.  

Motivación

En este vídeo se nos ofrece una definición sobre la libertad de pensamiento. Nuestro sistema de creencias viene condicionado por nuestro entorno, a diferencia de nuestro ser, por lo que nuestra mentalidad está influenciada por el lugar donde hemos nacido. Solo las personas que han tenido la suerte de poder viajar y convivir con otras culturas, han podido experimentarlo y darse cuenta de lo condicionada que tenemos la mente y forma de ver la vida. 

¿Qué es la libertad de pensamiento? 

Recurso 1: Vídeo:  En este vídeo una joven estudiante resuelve algunas de sus dudas sobre el concepto de ‘libertad’ con el filósofo José Ramón Ayllón. ¿Crees que la libertad se puede educar?», pregunta la estudiante. «Yo creo que la auténtica educación, es una educación de la libertad», sentencia el también escritor y profesor. 

“¿Se puede educar la libertad?”. José Ramón Ayllón, filósofo y escritor 

Recurso 2: Imagen. ¿Hasta qué punto la libertad de expresión es posible cuando no hay libertad de pensamiento? La libertad de expresión no tiene sentido si no está alimentada por el pensamiento libre, creativo y personal. Hemos crecido creyendo que tenemos libertad de expresión. Pero en todo momento hemos sido manipulados por aquellos que necesitaban implantar en nosotros una idea que iba destinada a su propio beneficio personal. Personas que, de alguna forma u otra, tenían o tienen poder sobre nosotros.  

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Recurso 3: Vídeo: Expresar nuestra forma de ver y sentir el mundo es una necesidad que tenemos desde la infancia. Cuidémosla. 

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN COMO UN DERECHO HUMANO – NO ME PIENSO CALLAR 

Oración:  

OH SEÑOR, CREADOR NUESTRO. 

De tu mano bondadosa hemos recibido 

el derecho a la vida, a la libertad y a la 

búsqueda de la felicidad. 

Tú nos has hecho tu pueblo y nos has dado 

el derecho y el deber de venerarte a ti, 

único Dios verdadero, y a tu Hijo, Jesucristo. 

Por el poder y la obra del Espíritu Santo, 

nos llamas a vivir nuestra fe en el mundo 

llevando la luz y la palabra salvadora del Evangelio 

a todos los confines de la sociedad. 

Danos fortaleza de mente y corazón para 

estar siempre dispuestos a defender 

nuestras libertades cuando son amenazadas. 

Danos valentía para que se escuchen nuestras voces 

en defensa de los derechos de tu Iglesia, 

y de la libertad de conciencia de todas las personas de fe. 

Te pedimos, Oh Padre celestial,  

que des a todos tus hijos e hijas una voz clara y unida 

para que con cada prueba que encaremos, 

y cada peligro que superemos, 

—por el bien de nuestros hijos, de nuestros nietos, 

y de todos los que vengan después de nosotros— 

seamos siempre “una nación, bajo Dios, 

indivisible, con libertad y justicia para todos”. 

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