Motivación
Terminamos este mes de los derechos de la infancia pensando en nuestra relación con Jesús y María. Tenemos derecho a conocerlos y a saber de ellos, y de esta forma tratar de seguir sus pasos y los de Marcelino.
Recursos
1.- Dinámica:
¿Qué sabemos de Jesús? ¿Qué sabemos de María? ¿Qué sabemos de Marcelino? Cada uno de nosotros, incluido el profesor/a, ponemos por escrito un compromiso para, durante esa semana, imitar un aspecto de la vida de uno de los tres.
Por ejemplo: María siempre estaba pendiente de su hijo. Yo esta semana elijo también estar pendiente de mi familia, y me comprometo a que durante esta semana no discutiré por tonterías con mi hermano/a para hacerle un poco más feliz.
2.- Texto:
Corría el mes de febrero de 1823. Uno de los Hermanos de Bourg-Argental se hallaba gravemente enfermo y Marcelino no quería dejar morir a su hijo sin el consuelo de verlo y darle su bendición.
Hacía mal tiempo y el suelo estaba cubierto de nieve, lo que no le impidió emprender el camino a pie e ir a la cabecera del enfermo en cuanto se enteró de que estaba en peligro. Después de bendecirlo y consolarlo, se dispuso a regresar a La Valla, por más que intentaron disuadirle, por la cantidad de nieve caída aquel día y del fuerte temporal.
Para regresar, en compañía del Hermano Estanislao, tuvo que cruzar los montes Pila. Apenas habían transcurrido dos horas de marcha, se perdieron. Incapaces de dar con rastro alguno de camino, anduvieron a la deriva. Un fuerte viento les daba en la cara y les impedía ver hacia dónde caminaban, hasta el punto de que no sabían si adelantaban o retrocedían. Después de varias horas de andar perdidos, el Hermano se sintió tan desfallecido, que el Padre Champagnat tuvo que tomarlo del brazo para guiarlo y mantenerlo en pie.
Pero pronto, también él se sintió desfallecer, y tuvo que detenerse. Se dirigió al Hermano y le dijo: “Querido amigo, si la Santísima Virgen no viene en ayuda nuestra, estamos perdidos. Acudamos a ella y supliquémosle que nos saque del peligro en que nos hallamos de perder la vida cubiertos por la nieve, en medio de estos bosques.” Al decir estas palabras, sintió cómo el Hermano se le iba de las manos y se desplomaba de cansancio. Lleno de confianza, se pone de rodillas al lado del Hermano, que parecía haberse desvanecido, y reza fervorosamente el Acordaos. Después, trata de incorporar al Hermano y hacerlo caminar. Apenas habían dado diez pasos, vieron una luz que brillaba no lejos de allí, pues era de noche. Se encaminan hacia la luz y llegan a una casa, donde pasan la noche. Ambos estaban congelados de frío; y el Hermano, sobre todo, tardó en recuperarse.
El Padre Champagnat confesó en diversas ocasiones que, de no haberles llegado la ayuda en el momento preciso, ambos hubieran perecido, y que la Santísima Virgen los había librado de una muerte segura.
Reflexionamos en grupo sobre esta historia. ¿Alguna vez nos hemos sentido así de acompañados por María?
Rezamos juntos:
Acordaos,
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido
a tu protección,
implorando tu asistencia
y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.
Animado con esta confianza,
a ti también acudo,
oh Madre,
Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo
bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.
No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente.
Amén.
3.- Oración:
Jesús, te agradezco por el amor
que me has mostrado al venir a la
Tierra, al vivir y morir por mí.
Quiero celebrar este día contigo.
Deseo conocerte,
recibir Tu amor y Tu regalo de la vida eterna.
Por favor toca mi vida con el amor que
tú tienes para ofrecer,
y ayúdame a compartir
ese amor con otros también.
4.- Vídeo:
¿Y nosotros? ¿Qué haríamos si estuviéramos cara a cara con Jesús? ¿Qué le diríamos?