
En este mes en el que celebramos el Día de la Paz, como maristas no podemos dejar pasar la oportunidad de aportar lo mejor de nosotros para construir un mundo mejor y más justo. Sabemos que nuestro mundo sufre —hay guerras, hambruna e injusticias—, pero en nuestras manos está la posibilidad de crear espacios de paz y de amar al prójimo, tal como Dios nos pide.
Quizás pienses: «yo no puedo parar una guerra», pero sí puedes ayudar a un amigo, ser ese compañero que sabe escuchar, un hermano comprensivo, alguien que sabe jugar en equipo y estar disponible para quien lo necesite, o alguien que media en un malentendido… porque todos estos pequeños gestos irán haciendo que los demás vean en ti la paz. Podemos ser islas de calma para quienes nos rodean porque la paz empieza en ti.