
¿Te imaginas un amor que transforme tu vida desde dentro y sea capaz de abrir los corazones? Se trata de un amor que no se impone, sino que nos libera y nos devuelve el sentido, un amor que hace renacer en cada persona la capacidad de volver a creer. Este sentimiento nos empuja a salir de nosotros mismos para acercarnos a los demás y se convierte en una fuerza de perdón, una energía de reconciliación y una semilla de paz. Cambia nuestra mirada, despierta la confianza y construye la fraternidad. Este amor de Cristo nos llama a ser un signo vivo de esperanza a través de nuestros gestos cotidianos.