
¿Nunca te ha pasado que has visto a alguien y has pensado: «¡Guau!, ojalá me pareciera a esa persona»? Esa misma sensación de inspiración es la que nos despierta María, nuestra Buena Madre, quien con su sencillez es un ejemplo constante para nosotros. Que su vida de servicio y su humildad al aceptar ser la Madre de Dios nos inspire a todos, como Maristas, a tener siempre una palabra de cariño, una sonrisa y momentos de calidad y de escucha con la gente que nos rodea.
Parecernos un poco más a ella seguro que nos hace sentir mejor con nosotros mismos y ayuda a que los demás también traten de ser mejores.