CUENTO: “Guno, el hombre de la lámpara”

“Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: ¿Qué haces, Guno, tú, ciego, con una lámpara en la mano? ¡Si tú no ves! Entonces, el ciego le responde: Yo no llevo la lámpara para ver mi camino, pues yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí. No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella”.
REFLEXIÓN:
No dudemos por tanto nunca de que solo Jesús, que acompaña toda soledad, que hace suyo todo dolor, que llena todo vacío, es también capaz de iluminar toda la tiniebla interior y exterior. Para ser luz no hay que dejar de reconocer que estamos ciegos y que necesitamos todos los días pedir la luz a quien no sólo la tiene, sino que “es la luz”. Y que, como el ciego del cuento, aunque aún no tengamos plenamente la luz, si encendemos nuestra lámpara de nuestra fe en Jesús, seremos luz, daremos luz, llevaremos a Jesús, luz del mundo, a todas las personas y en todos recorridos de nuestra vida.
¿Qué actitud debo cambiar para que mi luz alcance a otros sin dificultades?
ORACIÓN:
Señor Jesús, tú eres la fuente de toda luz verdadera.
Haz de mí un instrumento.
Que mis palabras y mis acciones lleven luz
a quienes estén mal, cansados y tristes.
Hoy te pido un corazón que arda con tu presencia,
una mente anclada en tu Palabra y
manos dispuestas a servir sin buscar reconocimiento.
Cámbiame para que mi vida sea un reflejo fiel de tu Luz.
Amén.
Compromiso semanal:
Repite esta frase. Escríbela en tu agenda. Cuéntaselo a Jesús: “Hoy voy a ser luz para…”