Febrero 22/02

La Cuaresma es como cuando plantamos una semilla en la tierra. Al principio parece pequeña, casi invisible… pero dentro tiene mucha vida.

Cada gesto bueno que hacemos —compartir, ayudar, perdonar, rezar— es una semillita que sembramos en nuestro corazón. Quizá no vemos el cambio enseguida, pero poco a poco, con paciencia y amor, esa semilla germina.

La Cuaresma nos invita a cuidar esas semillas: con silencio, con esfuerzo, con generosidad. Y cuando llega la Pascua, descubrimos que lo que sembramos con amor… florece en alegría. Que estos días sembremos mucho bien, para que en nuestro corazón brote una vida nueva.

ORACIÓN: “Semilla del día”  

Hoy tengo una semilla mágica en mis manos. 

Si la riego con sonrisas, crecerá alegría. 

Si la cuido con buenos gestos, crecerá amistad. 

Y si la protejo con esfuerzo, se hará gigante. 

Acompáñame hoy para que mi semilla se convierta en un árbol lleno de cosas buenas. 

¡Hagamos crecer el día! 

Amén.

REFLEXIÓN:

Todos podemos plantar semillas con aquellas buenas acciones que hagamos en nuestro día a día, desde un “buenos días” hasta ayudar a alguien que lo necesite. 

Por ello vamos a tener un momento de reflexión compartida, donde vamos a pensar: 

– ¿Qué semilla quieres plantar en el día de hoy? 

– ¿Con quién te gustaría plantarla? 

CANCIÓN: Semillas

Compromiso semanal: 

Tenemos unos minutos de reflexión y compartimos, para ello decimos en voz alta lo que queremos plantar y cogeremos una bolita de papel que nos dará el/la profesor/a en representación de la semilla y se la daremos a aquel niño o niña con la que nos gustaría plantar la semilla. Se pueden traer semillas de verdad… 

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