Motivación:
Esta semana, a la luz de María, abrimos camino al cambio verdadero: dejar atrás lo que nos limita, ofrecer nuestra vida con generosidad y descubrir en cada persona un tesoro único. Que su ejemplo nos inspire a transformar gestos cotidianos en amor concreto, para crecer juntos como comunidad que sirve y valora.
Recurso 1:
¿Cómo te imaginas a María?
María, mujer de los cambios
Cuando pensamos en María, solemos pensar en ella como en protectora, en milagrosa, en una Madre que lo puede todo… Incluso muchas veces cada uno tenemos “nuestra virgen” a la que le pedimos cosas: la del Rosario, la de los Dolores, la del Camino, la de Fátima… Hoy queríamos hablaros de María como la mujer de los cambios, y la mujer abierta al cambio.
María tendría unos 14-16 años cuando queda embarazada de Jesús. Hoy en día, pensaríamos que era apenas una niña. Pero en el Siglo I esa era la edad para empezar a ser madre, pero también llevaría un tiempo viviendo con su marido. María no es así. Es virgen, es decir, aún no ha tenido intimidad con José. Y eso en aquel momento no es algo bueno, ni deseable. Las mujeres vírgenes en edad para no serlo no eran “bien vistas” o “útiles” a la sociedad. Es decir, María no es elegida por Dios por ser bien vista por su pueblo, sino precisamente por su fragilidad, por su sencillez, por estar abierta a la vida.
De hecho, que María sea madre siendo virgen tiene un significado curioso, es por un lado aceptar los planes de Dios (la maternidad) sin dejar de ser quien es como persona, siendo fiel a quien es, viviendo su identidad y vocación propia.
Ese es el primer cambio, se puede vivir abierto a los planes de Dios sin dejar de ser uno mismo.
Preguntas que nos podemos hacer tras esta parte del texto:
- ¿Estoy abierto a esos cambios como lo estaba María?
- ¿Qué cambios me gustaría hacer en mi vida?
El segundo cambio es pasar de madre a discípula. María no solo es la madre de Jesús, es capaz de darse cuenta que el mensaje de Jesús tiene impacto en su vida, y deja su papel de familiar de sangre, para pasar a ser familiar en la fe, discípula, seguidora, testigo fiel y convencida de lo que Jesús es. Ese es el segundo cambio.
Y el tercero ocurre al pie de la cruz, de una seguidora más, pasa a ser un referente para la primera comunidad de creyentes, de ser su soporte, guía, consuelo, y fuerza. Y de ahí, para toda la Iglesia.
Preguntas para reflexionar y compartir, como María al pie de la cruz:
- ¿Quién está ahí contigo en tus momentos más difíciles?
- ¿Para quién estás tú cuando verdaderamente lo necesita?
Recurso 2: ¿Te imaginas dar flores a María?
La propuesta es, igual que en este mes ofrecemos flores a María, cuestionarnos qué puedo yo ofrecer a los que tengo al lado, lo pensaremos en lo que escuchamos la canción “Flores a María” que también nos conecta con nuestra infancia y al terminar de escucharla lo compartiremos primero en parejas y después si alguien quiere en grupo grande, después de escuchar al compañero lo que ofrece a los demás podemos complementarle con lo que nosotros creemos que aporta, ya sea a nosotros a nivel personal o a la clase.
Recurso 3 : ¿Te imaginas ser cómo María?
A María, la madre de Jesús, se le atribuyen algunas cualidades como la humildad, la bondad, el amor incondicional… Seguramente en nuestro día a día hay muchas personas cercanas que nos quieren y nos cuidan. Podéis pensar en una de estas personas y escribir en pétalos las cualidades que tiene y aquello que le quieres agradecer. Después puedes guardar ese pétalo y entregárselo a esa persona.
Terminamos rezando todos juntos el Ave María:
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Recurso 4: ¿ Te imaginas dedicar tu vida a servir a los demás?
Mostrar en la pantalla una fotografía del hermano Henri Vergès.
Recordamos al hermano Henri Vergès. Fue asesinado en su despacho de trabajo, al mediodía del 8 de mayo de 1994, junto con la hermana Paul-Helene Saint-Raymond, en Argelia.
El hermano Henri Vergès y la hermana Paul-Helene Saint-Raymond dedicaron su vida a servir a los demás con amor y entrega, especialmente a través de la educación y el acompañamiento. Su muerte en Argelia nos recuerda el valor de aquellos que ponen su vida al servicio de la paz y la justicia, incluso en medio de situaciones difíciles o peligrosas. Nos muestran que el amor por los demás puede ser más fuerte que el miedo o el odio, dejando una huella profunda en el mundo.