CUENTO: Leemos la siguiente historia.
Lía era una niña que tenía dificultades para hablar, y por eso en el colegio nadie parecía escucharla. Sus palabras se perdían entre risas y charlas, y ella se sentía pequeña y sola.
Un día, la maestra pidió trabajar en equipo. Lía, con mucho esfuerzo, logró decir una idea. Al principio nadie la notó… pero pronto todos se dieron cuenta de que su propuesta era brillante y divertida.
Sus compañeros/as empezaron a incluirla en juegos y risas. Descubrieron que Lía tenía mucho que ofrecer, y ella se sintió feliz porque su voz finalmente contaba.
Desde ese día, todos fueron amigos/as, compartieron aventuras… y para celebrarlo, hicieron una gran fiesta juntos, riendo y hablando sin que nadie quedara sin escuchar.
REFLEXIÓN:
¿Has vivido alguna situación así?
¿Cómo has actuado?


Compromiso semanal:
Piensa en alguna “Lía” de tu vida, ¿qué puedo hacer por esa persona para que se sienta escuchada y querida? Le pedimos al Señor por las personas que necesitan la fuerza que tuvo Lía para hablar, y para que nosotros seamos capaces de dar esa confianza y esa fuerza a quienes lo necesitan.