La Cuaresma es el camino que nos lleva hasta el gesto de amor supremo que Jesús tuvo con todos nosotros. Son cuarenta días de mirar hacia adentro, de preparar nuestro corazón para lo que está por venir. Son días de desierto, pero también son días para acompañar a los que amamos en este camino. De mirar a los que tenemos cerca, de ser guías y referentes para nuestros amigos, de estar dispuestos a dejar nuestras tareas para que nos sientan cerca. 

Infantil 

Objetivos 

  • Reconocer las necesidades del otro. 
  • Hacer algo para los demás. 

Recursos y material 

  • Imágenes de las emociones 

Desarrollo de la actividad 

Volveremos a tomar las emociones del mes pasado y, ahora que ya sabemos reconocerlas, hablaremos de qué podemos hacer cuando los demás están sintiendo esa emoción. 

Vamos diciendo cada emoción de una en una y cada niño debe expresar qué necesita cuando siente esa emoción. Por ejemplo: «Cuando estoy triste… me gusta que me abracen/estar solo…». 

Cuando ya hemos hablado de todas las emociones, los niños pueden ir saliendo de dos en dos en medio del corro. Uno representa la emoción que el educador le dice y el otro responde teniendo en cuenta qué está sintiendo. 

Por último, podemos reflexionar sobre la experiencia vivida: todas las personas tenemos sentimientos y nosotros podemos ayudar al otro haciendo que se sienta acompañado o mejor si tenemos en cuenta lo que está sintiendo en ese momento. 

Primaria 

Objetivos 

  • Reconocer las necesidades del otro. 
  • Hacer algo para los demás. 

Recursos y material 

  • Boteo caja con los nombres de todos los niños y niñas del grupo. 

Desarrollo de la actividad 

En un bote pondremos papelitos con los nombres de todos los niños y niñas del grupo. Cada uno tendrá que sacar un papelito con un nombre y durante esa semana tendrá que hacer algo bueno para esa persona. 

Habrá que comentar que puede ser desde ayudarle en algo hasta acompañarle en algún momento en el que esté más triste, enfadado… 

Al final de la semana hablaremos con el grupo de cómo ha ido: 

  • ¿Habéis podido realizar la actividad? 
  • ¿Habéis estado atentos a las necesidades de la otra persona? 
  • ¿Ha sido fácil? 
  • ¿Cómo os habéis sentido cuando otra persona os ha ayudado? 

En la reflexión final, hablaremos de si vale la pena tener en cuenta al otro. Aunque a veces nos suponga un esfuerzo (perder algún privilegio), es positivo tanto para los demás como para nosotros mismos. 

Jóvenes 

Objetivos 

  • Coger perspectiva de dónde vienes y hacia dónde quieres ir, pensar en qué y cómo te gustaría cumplir tu propósito, pensar sobre qué recursos dispones para hacerlo y sobre cuáles no puedes conseguir, y plasmarlo en un proyecto, con las fases propuestas y los plazos correspondientes. 

Recursos y materiales 

  • Espacio tranquilo y cómodo donde cada uno pueda estar un rato largo concentrado, preferiblemente en un espacio natural 
  • Libreta 
  • Bolígrafos o rotuladores 
  • Post-its 
  • Tablón o mesa/superficie 
  • Hoja DIN-A5 

Desarrollo de la actividad 

Esta dinámica individual consta de 4 partes. Es recomendable que la llevéis a cabo en un solo día; os puede llevar casi cuatro horas, contando algunos descansos más o menos largos en medio. Es importante que vayáis punto por punto, y que no leáis el siguiente punto si no habéis hecho el anterior. 

1. De dónde vengo y dónde voy 

Sales de la ciudad, sol, en bicicleta. Todavía no has dejado atrás los últimos edificios, pero te das cuenta de que has cerrado una etapa y llevas las alforjas llenas de muchos y muy recuerdos provechosos, experiencias y vivencias. Pero tu cabeza es una olla a presión. Tienes intuiciones, ideas, imágenes… pero no sabes qué quieren decir exactamente, ni cómo ordenarlas. Quizás ni siquiera sabes a dónde vas. Se pone a llover y buscas cobijo en un tejado desgarbado. Te sientas y mientras descansas un rato y ves caer las gotas, te haces algunas preguntas. 

Escríbelas en tu libreta (imprescindible), respondiéndolas con brevedad (un máximo de tres frases por respuesta). 

Vienes de una ciudad y tienes una historia que has vivido y culminado. ¿Qué has querido decir allí? ¿Qué has vivido? ¿Qué has aprendido? ¿Qué has enseñado? ¿Qué has aportado? ¿Cómo has articulado esta historia? ¿Con quién has hablado? ¿Dónde te has movido? ¿Cómo has actuado? 

Ahora haz un esfuerzo y ponte en la mente de todos los que han recibido tus mensajes y tus actuaciones: ¿cómo lo han entendido? ¿Cómo lo han interpretado? ¿Han visto las mismas intenciones que tú querías expresar? 

Pasa una moto a todo trapo y salpica los bordes de la carretera. Parece que la lluvia va aflojando y pronto podrás seguir pedaleando. Pero, ¿dónde irás? ¿Has pensado a dónde vas? Mira a tu alrededor, tienes infinidad de horizontes para escoger, pero ¿a cuál quieres dirigirte? 

De nuevo, responde a estas preguntas en la libreta con un máximo de tres frases para cada una: ¿qué es lo que quieres expresar, vivir, recibir o crear ahora mismo? ¿Qué te cuece, qué necesitas decir o hacer? ¿A quién quieres decirlo? ¿Cómo quieres que lo entiendan? ¿O con quién quieres compartir o construir tus nuevos pasos? ¿Quieres explicarlo a todo el mundo, a las personas que piensan como tú, a la gente que no habla tu idioma…? ¿Cómo quieres decirlo o hacerlo? ¿Con qué técnicas o formas de actuar y expresarte quieres llevarlo a cabo? 

2. ¿Cómo te gustaría realizar el viaje? 

Ya has escogido un destino. Has visto de dónde vienes, has pensado qué te ha aportado tu viaje y ahora ya tienes un nuevo lugar al que ir. Y de repente se te despiertan en la cabeza muchas ideas, todas las posibilidades que tienes a lo largo del camino. De repente, recuerdas que tu amigo te dijo que allí había unas cuevas a las que podías ir en barca por un lago subterráneo, recuerdas aquella iglesia que viste en un libro que tenía unos frescos preciosos y que queda de camino, recuerdas aquellas paredes que se podían escalar y por las que podrías pasar si solo te desvías unos cuantos kilómetros, y recuerdas aquel lugar tan bonito por el que pasaste cuando hacías camino en otros momentos y con otras personas, y que quizás te gustaría volver a visitar. Tienes muchas posibilidades, pero eres consciente de que tienes un tiempo limitado de viaje y que no puedes hacerlo todo. Necesitas poner sobre la mesa todas las ideas y escoger aquellas que tienen más sentido para tu destino final. Coge post-its o papelitos. 

1. Olvídate de tu proyecto y de tu destino cercano si lo tienes en la cabeza, haz el esfuerzo. Escribe en cada post-it una de las ideas que tengas la inquietud de llevar a cabo: escribir un libro, aprender a tocar un instrumento, iniciar unos estudios, pintar un mural, conocer a una persona, subir a una montaña, hacer un grafiti, participar en un colectivo, hacer un viaje… Escríbelas todas, por muy alocadas que sean, por muy irrealizables que te parezcan. Ves pegándolas en una pared o un tablero, de modo que queden separados. No te dejes ninguna, escribe todas las que tengas y te inquieten. Una vez que hayas terminado, pasa al punto siguiente. 

2. Recupera el objetivo final de tu proyecto (la respuesta a la pregunta «¿qué quiero decir o hacer?»). Escríbelo tan sintéticamente como puedas (en un máximo de tres frases) en una hoja DIN-A5 y ponlo en medio del tablero o la pared donde tienes los post-its. 

3. Ahora mírate las ideas y las inquietudes que has escrito. Piensa en cada una de ellas y escribe en un nuevo post-it, que engancharás debajo, lo siguiente: ¿qué aporta esta idea para acercarme al destino final de mi viaje? ¿Me aproxima o me aleja de él? 

4. Selecciona las ideas que te acerquen más a tu destino final, más o menos una tercera parte de las que has escrito (si has escrito 12, selecciona 4). ¡Selecciónalas aunque sean aparentemente irrealizables! Las descartadas no las tires: guárdalas en tu libreta, nunca sabes cuándo necesitarás ideas para otros proyectos. ¡Y ahora ve media horita a pasear o a distraerte! 

3. ¿Qué tengo en las alforjas? 

Ahora ya sabes dónde vas y ya sabes por dónde quieres pasar y cómo quieres hacer tu viaje. Pero, de repente, piensas que tienes muy pocas cosas, apenas unas alforjas medio llenas, unos amigos en la carretera y una cuenta corriente en números rojos. Piensa sobre lo que tienes. 

Escribe en tu libreta qué tienes en tus alforjas, haz una lista. Piensa en los recursos de los que dispones tanto en casa (materiales, instrumentos, herramientas, dinero…) como las técnicas o recursos con los que cuentas (técnicas artísticas, conocimientos, experiencias, habilidades o capacidades). Sería lo que no te cuesta esfuerzo y ya tienes a tu disposición. 

Ahora escribe lo que puedes encontrar por el camino. Piensa en los recursos que podrías conseguir en tu radio de acción: tiempo, técnicas o conocimientos que podrías aprender, material que podrías alquilar o comprar, habilidades que tienen tus amigos o conocidos y que te pueden ser útiles (un amigo dispuesto a enseñarte a patinar o que va a correr cada día y que seguramente te invitaría, por ejemplo), fuentes de financiación, como becas o similares… Aquello por lo que debes esforzarte pero que tienes a tu alcance. 

A continuación, escribe todo lo que difícilmente podrás encontrar en el camino hacia tu destino. Escribe todos los recursos que, por ahora, quedan demasiado lejos: tocar la guitarra como Eric Clapton, 80 000 euros para reconstruir un edificio antiguo, tiempo que no tienes, la contratación de un técnico que te ayude en algo, apuntarte a un curso que se solapa con una actividad que no estás dispuesto a cambiar… 

Ahora que ya has pensado los recursos que tienes, los que puedes conseguir y los que difícilmente conseguirás en este viaje, recupera las ideas que habías dejado en la pared o en el tablero. Vuélvelas a leer y clasifícalas en tres bloques: 

  • Las ideas que se pueden realizar con los recursos que ya tienes. 
  • Las ideas que se pueden realizar con los recursos que puedes conseguir. 
  • Las ideas que no podrás llevar a cabo porque no puedes conseguir los recursos necesarios para ello. 

Descarta estas últimas (guárdalas en la libreta, no las tires). 

4. El mapa de mi viaje 

Mira la pared o el tablero. Ya tienes claro tu destino, tienes claros los lugares por los que quieres pasar y tienes claro qué tienes o qué puedes conseguir y todo lo necesario para hacerlo. 

Acaba de construir con calma el mapa de tu viaje. Mira cómo puedes casar los elementos, si hay alguna idea que casa con otra. Si te sale una nueva idea, piensa siempre si te acerca o te aleja del destino y si puedes conseguir los recursos para hacerla realidad. Piensa en cuando cuentes tu viaje a los amigos. ¿Podrán ver la necesidad y el valor de todas las ideas? ¿Crees que hay alguna que confundirá más de lo que ayudará? No tengas miedo a sacar o sacrificar ideas si no te acercan a tu destino, tienes mucho camino por recorrer en tu vida. 

Cuando tengas claro el mapa de tu proyecto, piensa en la mejor ruta. Piensa en los pasos que debes seguir, qué parada viene antes o después de la otra. 

Por último, piensa cuántos días vas a necesitar para llevarlo a cabo. Márcate unos plazos para llegar. Una vez en el camino, será muy sencillo entretenerse en casa de gente nueva o en un sitio bonito, pero piensa que tu objetivo es llegar, y llegar a tiempo. Piensa también que, si quieres hacer mucho camino en muy poco tiempo, no podrás verlo todo y disfrutarlo. 

Deja madurar tu proyecto un día, habla de él con tus amigos y vuelve a recuperarlo. ¿Te convence? ¡Pues empieza a pedalear! 

Para cerrar el proceso, conviene recordar que el mes de marzo es un período de reflexión y crecimiento personal y, de hecho, muchas religiones y culturas coinciden en este aspecto; así pues, proponemos realizar un trabajo interno donde los jóvenes puedan desarrollar un ejercicio de autoconocimiento y de espiritualidad que les ayudará a mejorar su liderazgo y su coherencia interna. 

Familias 

Objetivos 

  • Ponerse en la piel de los demás. 
  • Valorar el esfuerzo de cada persona. 

Recursos y materiales 

  • Vídeo y proyector 

Desarrollo de la actividad 

En este mes visualizaremos un vídeo, que nos servirá como reflexión: Ayuda a tu prójimo

Podemos ver que aparece un hombre pobre, con pocos recursos, sin nadie a su lado. Entendemos que es una persona que no tiene familia y que vive al límite. Pero igualmente ayuda a los demás y comparte todo lo que tiene (por muy poco que sea) con las personas necesitadas. 

Encontramos diferentes situaciones: 

  • Comparte comida con un perro callejero y quizá se queda con hambre, pero lo hace porque el perro no tiene comida y eso le enriquece porque acaba teniendo algún ser vivo a su lado que le hace compañía. 
  • También vemos cómo comparte su sabiduría y, para no desperdiciar el agua que está cayendo, pone una planta para que se pueda regar y crecer. Con esta acción ayuda al mundo y ve cómo la planta va creciendo a medida que pasan los días. 
  • También da el poco dinero que tiene a una madre y una hija, para que la niña pueda tener una educación y su madre pueda tener una vida mejor. Cuando este va un día, encuentra que la madre está sola y que la hija ya va con el uniforme de la escuela y hablan… A él esto le llena de felicidad y, aunque no le puedan devolver el dinero, sí que comparten con él sonrisas y momentos de felicidad. 
  • Y finalmente vemos cómo a su vecina siempre le lleva plátanos y se los deja en la puerta, y esta nunca entiende por qué lo hace si él mismo quizás ni puede comer. La vecina, como agradecimiento, le invita a su casa. Esto nos transmite más amor, más emociones y nos hace reflexionar que quizás él, por mucho que hubiera tenido dinero, comida o sabiduría, si no hubiera actuado tal y como lo ha hecho, quizás no hubiera podido tener esas emociones y sensaciones que le transmiten. 

El tema del vídeo es un tema delicado. Por eso, después de visualizar el vídeo, se podría abrir un debate comentando las situaciones anteriores y poniendo ejemplos similares de nuestro día a día que hemos vivido como familia o de forma individual. En ocasiones, las cosas materiales no son las principales en nuestras vidas, sino que pequeños gestos hacen que crezcan grandes cosas. 

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